This week 'Grey's Anatomy'

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Para definir 'Anatomía de Grey', basta echarle un vistazo a la cabecera con la que arrancaban los episodios de sus primeras temporadas.


Quien te ata los cordones de la bata es el mismo que te sube la cremallera de un elegante vestido.
El goteo del suero puede ser un Martini vertiéndose en una copa, mientras la bandeja del instrumental médico se transforma en la que lleva el camarero que atenderá la mesa de tu primera cita.
Y la camilla de un hospital se presta ideal para hacer piececitos.


En 2005, se estrenó 'Anatomía de Grey' como un reemplazo de última hora, y por ello, su primera temporada sólo consta de nueve capítulos.
Su éxito supuso una sorpresa total.


A día de hoy, se mantiene como reina consolidada de los jueves de la ABC, la única rival a la altura que encuentra 'CSI'.


El planteamiento de 'Anatomía de Grey' es similar a la de otras series médicas.
Los sentimientos personales y los impulsos emocionales se contraponen a los rigores y protocolos del trabajo duro.


Tantos los internos ambiciosos, Cristina Yang y Alex Karev, como los espíritus angelicales, Izzie Stevens y George O'Malley, viven en esa tesitura entre deseo y realidad.


Ésta última, siempre recordada por su supervisora, la dictatorial Miranda Bailey.


Casos médicos y vidas propias se interrelacionan; estos doctores no sólo curan a sus pacientes, sino que reciben lecciones vitales del sufrimiento ajeno.


Lo que distingue a 'Anatomía de Grey' de entre el subgénero hospitalario es su entrega total al romanticismo, a la filosofía doméstica de las relaciones y a las más encendidas reflexiones espiritualistas.


Así, Meredith Grey, protagonista y Cenicienta, narra su día a día, cual 'Sex In The City' médico, mientras se desarrolla su conflictiva relación con el bello neurocirujano Derek Shepherd.


Meredith lleva consigo las deudas de una infancia desprotegida y una personalidad indecisa y tendente a la autodestrucción.


La segunda temporada, de largo la mejor de la serie, desató toda la locura melodramática de 'Anatomía de Grey'.
La capacidad de fascinación puede ser una incógnita para muchos, pero es la clave de porqué la serie ha atrapado al público y no ha querido soltarlo.


En este segundo año, Izzie Stevens cruza todos los límites habidos y por haber con Denny Duquette, un paciente que espera un trasplante de corazón.
El suspense se centra también en el triángulo amoroso creado con la llegada de Addison, la ex esposa de Derek, que pide otra oportunidad.


Derek elige a Addison, y el desamor hace presa en Meredith, que navega dolorosa.
Llegan los dos capítulos clave de 'Anatomía de Grey': 'This Is The End Of The World' y 'As We Know It'.


La tristeza de Meredith por haber perdido a Derek se cataliza con el inminente estallido de una bomba en el Seattle Grace.


El toque apocalípitico se incrementa con la subtrama que la acompaña: el derrumbe emocional del personaje fuerte por excelencia, Miranda Bailey.


La tercera temporada fue una buena repetición del mood entre armaggedónico y corazonesco, pero sería el cuarto año el que atestiguó un declive imparable.


Hemos hablado muchas veces de los motivos de porqué 'Anatomía de Grey' dejó de ser emotiva y espectacular.
Sin duda, las tensiones de su plató y las malas decisiones de su equipo creativo jugaron un papel decisivo.


En cualquier caso y pese a las críticas recibidas, 'Anatomía de Grey' ha seguido congregando a su audiencia sin problemas.


En esta sexta temporada, el electrocardiograma ha vuelto inesperadamente a pitar y parece que queda vida para la serie.


Descarga de retrato femenino y epinefrina de belleza masculina, 'Anatomía de Grey' no gusta a todos, pero no ha dejado indiferente a nadie.


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